Las drogas y el abuso de alcohol no afectan únicamente al cerebro y al cuerpo físico. En la visión de las Terapias Esenias y Egipcias transmitida por Daniel Meurois y Marie Johanne Croteau-Meurois, una dependencia también puede perturbar la energía vital, desorganizar el cuerpo emocional, nublar la visión interior y debilitar progresivamente la voluntad.
El Nuevo Gran Libro de las Terapias Esenias y Egipcias presenta un protocolo energético específico para los estados de dependencia relacionados con las drogas, el tabaco y el alcohol. Su objetivo es ayudar a la persona a contemplar su propia vida con mayor claridad y generar en ella un sobresalto capaz de invertir una dinámica que se ha vuelto autodestructiva.
No se trata de condenar a quien consume ni de reducir a una persona a su dependencia. Sin embargo, no juzgar tampoco significa restar importancia al problema: una exposición repetida a estas sustancias puede alterar profundamente el equilibrio físico, emocional, mental y energético del ser.
La dependencia no es una falta moral. Es, no obstante, una situación seria que debe ser reconocida con lucidez y acompañada con compasión.
En resumen: según el enfoque de las Terapias Esenias y Egipcias, una dependencia puede afectar a la vitalidad, el cuerpo astral o emocional, los pensamientos, el chakra frontal y la voluntad. El protocolo dedicado a los estados de dependencia busca restaurar la claridad interior, poner en resonancia el chakra frontal con el corazón y sostener a la persona que desea verdaderamente recuperar su libertad.
Una dependencia afecta al ser humano en su globalidad
En la concepción de las Terapias Esenias y Egipcias, el ser humano no se limita a su organismo físico.
El Nuevo Gran Libro de las Terapias Esenias y Egipcias presenta cinco niveles principales:
- el cuerpo físico;
- el cuerpo etérico o vital;
- el cuerpo astral o emocional;
- el cuerpo mental;
- el cuerpo causal o kármico.
Estos diferentes cuerpos no funcionarían de manera independiente. Formarían un conjunto vivo en el que una alteración emocional, mental o energética podría influir progresivamente en las demás dimensiones del ser.
Una dependencia no se reduce, por tanto, a una necesidad física de consumir. Puede convertirse en un verdadero circuito en el que el cuerpo, la energía vital, las emociones, los pensamientos y la voluntad terminan alimentando el mismo automatismo.
La sustancia actúa sobre el organismo y provoca una sensación determinada. El cuerpo emocional asocia esa sensación con el alivio o el placer. A continuación, el mental encuentra razones para repetir la experiencia. A medida que el mecanismo se consolida, la libertad de elección puede volverse cada vez más frágil.
¿Cómo afectan las drogas a los cuerpos sutiles?
El libro no establece una clasificación detallada de los efectos de cada droga sobre cada cuerpo energético. Sí indica, sin embargo, que en los estados de dependencia el chakra frontal se encuentra particularmente desorganizado y que la persona puede entrar en una dinámica autodestructiva.
A partir de la anatomía sutil descrita, podemos comprender mejor cómo una exposición repetida a las drogas o el abuso de alcohol puede afectar a diferentes niveles del ser.
El cuerpo etérico y la energía vital
El cuerpo etérico, también denominado cuerpo vital, es presentado como la matriz energética del cuerpo físico. Actuaría como enlace entre el organismo denso y los niveles más sutiles.
Está recorrido por los nadis, canales encargados de distribuir la energía vital por el organismo y de conectar los diferentes chakras.
Cuando una sustancia impone regularmente al cuerpo estados artificiales de excitación, ralentización, anestesia o alteración de la conciencia, esta circulación energética puede perder su armonía.
En esta lectura, un consumo repetido puede contribuir a:
- reducir la vitalidad general;
- fatigar las capacidades naturales de recuperación;
- generar una sensación de pesadez o agotamiento;
- perturbar la circulación de la energía;
- alejar a la persona de las sensaciones naturales de su cuerpo.
Algunas sustancias producen momentáneamente una impresión de energía, relajación, valor o seguridad. Pero ese estado no ha sido construido interiormente. Cuando desaparece, la persona puede sentirse más cansada, ansiosa o vacía que antes.
Puede entonces verse impulsada a consumir de nuevo para recuperar el estado artificial que ha contribuido precisamente a profundizar su desequilibrio.
La dependencia empieza así a funcionar como una deuda energética: ofrece un alivio inmediato, pero exige después un precio cada vez mayor.
El cuerpo astral y la intensificación de los deseos
El cuerpo astral es presentado como la sede de las emociones, los deseos, el mundo afectivo y una parte de la conciencia individual.
Se encuentra en constante movimiento. Los miedos, las heridas, las frustraciones, las alegrías y los deseos se expresarían en él mediante verdaderos movimientos energéticos.
Las drogas y el abuso de alcohol pueden proporcionar un alivio transitorio, una sensación de expansión o la impresión de escapar de una emoción dolorosa. Pero cuando el cuerpo emocional se acostumbra a alcanzar ese estado mediante una sustancia, el deseo del producto puede adquirir cada vez más fuerza.
La sustancia termina asociándose a una promesa:
- dejar de sentir un sufrimiento;
- calmar la ansiedad;
- olvidar la soledad;
- recuperar una sensación de placer;
- atreverse a hablar o relacionarse con los demás;
- interrumpir temporalmente el flujo de pensamientos;
- escapar de una realidad difícil de soportar.
Poco a poco, el cuerpo astral puede polarizarse alrededor de esta búsqueda.
Una emoción dolorosa llama a la sustancia. La sustancia reduce provisionalmente la emoción. Después, su efecto desaparece y el sufrimiento regresa, en ocasiones acompañado de desánimo, vergüenza o culpabilidad.
Estas nuevas emociones pueden provocar, a su vez, el deseo de volver a consumir.
El círculo se cierra y el deseo empieza a imponerse sobre la decisión consciente.
El cuerpo mental y los pensamientos que sostienen el consumo
El cuerpo mental está relacionado con los pensamientos, las representaciones, el discernimiento y las formas-pensamiento.
Daniel Meurois y Marie Johanne Croteau-Meurois explican en su libro que los pensamientos repetidos pueden ir formando estructuras energéticas capaces de influir sobre los demás cuerpos.
En una dependencia, ciertas ideas pueden regresar constantemente:
«Puedo dejarlo cuando quiera».
«Solo será esta vez».
«Lo necesito para dormir».
«Sin esto no voy a aguantar».
«Mañana lo dejo de verdad».
Estos pensamientos no siempre son mentiras formuladas de manera consciente. Pueden convertirse en mecanismos automáticos que protegen temporalmente a la persona de una realidad que todavía no se siente preparada para afrontar.
Cuanto más se repiten, más refuerzan el consumo.
El pensamiento justifica el comportamiento. El consumo altera después la claridad y el discernimiento. Esta alteración genera, a su vez, nuevas justificaciones.
El mental, que debería ayudar a la persona a elegir libremente, comienza entonces a ponerse al servicio del hábito.
El chakra frontal en el centro de los estados de dependencia
En el protocolo dedicado a los estados de dependencia, Daniel Meurois y Marie Johanne Croteau-Meurois precisan que el chakra frontal, o sexto chakra, se encuentra particularmente desorganizado.
Este chakra se asocia tradicionalmente con la visión interior, la comprensión, el discernimiento y la capacidad de orientar conscientemente los pensamientos.
Su desorganización puede comprenderse como una dificultad creciente para:
- contemplar el propio consumo con lucidez;
- valorar sus verdaderas consecuencias;
- identificar los mecanismos de autojustificación;
- distinguir un impulso de una necesidad real;
- tomar una decisión coherente;
- mantener esa decisión a lo largo del tiempo.
La persona puede comprender perfectamente que la sustancia le hace daño y continuar consumiéndola.
Su inteligencia no ha desaparecido. Sin embargo, su visión interior puede estar nublada por la necesidad, el hábito, las emociones y la búsqueda de un alivio inmediato.
Este es uno de los aspectos más dolorosos de una dependencia: una parte del ser desea sinceramente abandonar la sustancia, mientras que otra continúa reclamándola.
¿Por qué evitar las drogas en lugar de reparar después sus efectos?
Las drogas pueden provocar sensaciones intensas, visiones, una impresión de fusión, de libertad o de apertura de la conciencia.
Pero provocar químicamente un estado extraordinario no significa haber desarrollado las facultades interiores necesarias para comprenderlo y dominarlo.
Un verdadero proceso de desarrollo espiritual suele requerir:
- un enraizamiento sólido;
- una conciencia clara;
- estabilidad emocional;
- capacidad de discernimiento;
- una voluntad suficientemente construida;
- una transformación progresiva del ser.
La droga puede dar la impresión de abrir rápidamente una puerta. Sin embargo, no proporciona el mapa, la brújula ni la capacidad de reconocer con certeza lo que se encuentra al otro lado.
Una percepción espectacular no es necesariamente una percepción verdadera.
Una sensación de expansión no es siempre un despertar de la conciencia.
Y una experiencia intensa no se convierte automáticamente en espiritual porque incluya colores, visiones o la súbita impresión de haber comprendido todos los secretos del universo.
Desde la perspectiva de las Terapias Esenias y Egipcias, parece preferible desarrollar progresivamente la sensibilidad, el discernimiento y la armonía de los cuerpos sutiles, en vez de forzar su funcionamiento mediante una sustancia externa.
El protocolo esenio y egipcio para los estados de dependencia
En El Nuevo Gran Libro de las Terapias Esenias y Egipcias, Daniel Meurois y Marie Johanne Croteau-Meurois presentan un protocolo energético destinado a las personas dependientes de una sustancia tóxica, ya se trate de drogas, tabaco o alcohol.
Este cuidado persigue dos objetivos esenciales:
- ayudar a la persona a contemplar su vida con mayor claridad;
- provocar una toma de conciencia capaz de invertir una dinámica autodestructiva.
No busca únicamente proporcionar un alivio momentáneo. Pretende apoyar un verdadero cambio interior.
Rearmonizar el chakra frontal
Una parte central del protocolo se concentra en el chakra frontal.
El trabajo energético busca reorganizarlo para favorecer una mayor claridad, discernimiento y coherencia interior.
No se trata de transmitir a la persona una voluntad ajena ni de decidir en su lugar. El cuidado pretende ayudarla a percibir con mayor precisión lo que está viviendo, las consecuencias de su dependencia y la dirección que desea dar realmente a su existencia.
Esta claridad es esencial.
Mientras la persona no reconozca la dependencia o continúe minimizando sus consecuencias, su motivación seguirá siendo demasiado frágil para sostener una transformación profunda.
Poner en resonancia el chakra frontal y el chakra del corazón
El protocolo también pone el chakra frontal en resonancia con el chakra cardíaco.
Esta relación posee un significado especialmente profundo.
El mental puede entender que debería abandonar la sustancia. Pero ese conocimiento intelectual no siempre es suficiente. La persona también necesita sentir que merece cuidarse, que otra vida sigue siendo posible y que conserva su valor independientemente de lo que haya consumido o vivido.
- El chakra frontal aporta lucidez.
- El chakra del corazón devuelve una razón profunda para cambiar.
Sin el corazón, la decisión puede convertirse en una exigencia dura y culpabilizadora.
Sin lucidez, la compasión hacia uno mismo puede transformarse en complacencia y continuar justificando una situación que se ha vuelto peligrosa.
La unión de ambos busca favorecer una decisión consciente, firme y, al mismo tiempo, respetuosa con la persona.
Despertar y sostener la voluntad
Las diferentes estimulaciones energéticas que incluye el protocolo propuesto en las Terapias Esenias y Egipcias han sido concebidas, en parte, para despertar o sostener la voluntad de la persona.
Esta precisión es fundamental.
Una persona dependiente no carece necesariamente de voluntad. Esta puede encontrarse debilitada, dividida o regularmente desbordada por el impulso de consumir.
Una parte quiere detenerse.
Otra teme perder el alivio que le proporciona la sustancia.
Otra lo ha intentado varias veces y ya no confía plenamente en la posibilidad de cambiar.
El cuidado busca reunir estas fuerzas dispersas para que el deseo de libertad pueda volverse progresivamente más fuerte que el automatismo.
¿Puede actuar el cuidado si la persona no desea dejar la sustancia?
Ningún cuidado energético puede obligar de manera duradera a una persona a abandonar una dependencia que todavía se niega a reconocer.
El terapeuta no puede querer en su lugar.
Las Terapias Esenias y Egipcias no tienen como finalidad imponer una decisión. Su filosofía consiste en ofrecer un acompañamiento respetuoso con la libertad y buscar la raíz del sufrimiento, en lugar de limitarse a combatir un síntoma.
Este enfoque sitúa la compasión en el centro del proceso terapéutico y recuerda que estas terapias no imponen prohibiciones ni dogmas.
El protocolo para las dependencias adquiere especial sentido cuando la persona:
- reconoce que el consumo le está haciendo daño;
- desea sinceramente liberarse de él;
- encuentra dificultades para mantener sola su decisión;
- acepta recibir ayuda;
- está dispuesta a examinar las causas profundas de su dependencia.
El deseo de cambio no tiene que ser perfecto ni inquebrantable desde el primer momento. Puede ser frágil, vacilante y estar atravesado por el miedo.
Pero debe existir una apertura interior.
El cuidado no crea esa apertura por la fuerza. Puede sostenerla, ampliarla y ayudar a que se convierta en un verdadero compromiso.
No culpabilizar no significa banalizar
Es posible afirmar claramente que las drogas y el abuso de alcohol son perjudiciales sin humillar a las personas que sufren sus consecuencias.
La culpabilidad afirma:
«Eres una mala persona porque consumes».
La responsabilidad dice:
«Este consumo te está haciendo daño, pero no define todo lo que eres. Puedes pedir ayuda y comenzar a reconstruir tu libertad».
La benevolencia no consiste en fingir que todo está bien.
Consiste en contemplar la realidad sin despojar a la persona de su dignidad.
Una dependencia puede desorganizar la vitalidad, el mundo emocional, los pensamientos, el chakra frontal y la voluntad. Puede alejar progresivamente a la persona de su eje interior.
Pero no destruye su esencia.
Detrás de los hábitos, los miedos, las heridas y los intentos fallidos continúa existiendo una posibilidad: tomar conciencia, pedir ayuda y comenzar de nuevo de otra manera.
Un acompañamiento complementario a la medicina y la psicoterapia
El protocolo esenio y egipcio para los estados de dependencia no debe presentarse como una solución aislada o milagrosa.
Daniel Meurois y Marie Johanne Croteau-Meurois precisan expresamente que debe asociarse a un trabajo psicoterapéutico profundo.
De manera más general, la obra recuerda que las Terapias Esenias y Egipcias no están destinadas a sustituir a la medicina. Se integran en un enfoque complementario y global de la persona.
En una situación de dependencia, un acompañamiento coherente puede reunir:
- un médico;
- un psicólogo o psicoterapeuta;
- un profesional especializado en adicciones;
- un grupo de apoyo;
- los familiares y personas cercanas;
- y, de manera complementaria, un terapeuta correctamente formado en Terapias Esenias y Egipcias.
Cada profesional interviene en su propio ámbito.
La medicina acompaña al cuerpo, las complicaciones físicas y los posibles riesgos del síndrome de abstinencia.
La psicoterapia permite explorar las heridas, las emociones, los traumas y los mecanismos que mantienen la dependencia.
El cuidado energético busca apoyar la vitalidad, la claridad interior, el equilibrio de los chakras y la voluntad.
Estos enfoques no tienen por qué oponerse. Pueden complementarse alrededor de un mismo objetivo: ayudar a la persona a recuperar su libertad.
El protocolo descrito en el libro está destinado a terapeutas debidamente formados. La propia obra advierte que un libro no sustituye a una enseñanza práctica realizada bajo supervisión.
¿Qué dicen otras tradiciones sobre los efectos energéticos de las drogas?
Las Terapias Esenias y Egipcias no son las únicas que consideran las drogas y el abuso de alcohol como factores capaces de desorganizar la vida energética y la conciencia.
Rudolf Steiner, la teosofía, Alice Bailey, Charles Webster Leadbeater, algunos autores rosacruces y Omraam Mikhaël Aïvanhov también advirtieron sobre los estados de conciencia provocados artificialmente mediante sustancias.
Su vocabulario y sus sistemas de referencia no son siempre idénticos. No obstante, coinciden en una idea esencial: una sustancia puede modificar o abrir la percepción sin que la persona haya desarrollado la estabilidad, el discernimiento y el dominio interior necesarios para comprender lo que está experimentando.
Rudolf Steiner: alteración de los vínculos entre los cuerpos sutiles
Rudolf Steiner abordó los efectos del opio, el hachís y el alcohol sobre los diferentes componentes sutiles del ser humano.
Relacionó el opio especialmente con el cuerpo astral y explicó que podía relajar artificialmente su vínculo con el cuerpo físico. Esta modificación produciría una impresión de ligereza, expansión o apertura hacia realidades poco habituales.
Sin embargo, esa experiencia no sería el resultado de un desarrollo consciente. El cuerpo astral se encontraría parcialmente liberado sin que la persona haya aprendido a orientarse en ese estado, discernir lo que percibe o conservar el pleno dominio de su conciencia.
Steiner también describió una progresión según la cual una exposición más débil afectaría al cuerpo etérico, una más intensa al cuerpo astral y un hábito prolongado terminaría comprometiendo al Yo, entendido como la capacidad del ser humano para gobernarse a sí mismo.
En relación con el alcohol, destacó especialmente su influencia sobre el Yo. Desde esta perspectiva, el alcohol introduciría una actividad artificial que competiría con las fuerzas interiores mediante las cuales la persona debería desarrollar su voluntad, valor y dominio de sí.
La teosofía y la red protectora descrita por Leadbeater
En el ámbito de la teosofía, Charles Webster Leadbeater describió la existencia de una red etérica protectora situada entre la conciencia física y el mundo astral.
Esta red actuaría como un filtro natural. Evitaría que el ser humano fuera invadido constantemente por impresiones, emociones o percepciones procedentes de niveles sutiles que todavía no puede controlar.
Según Leadbeater, el alcohol, los narcóticos y el tabaco pueden dañar progresivamente esta protección.
La persona podría volverse excesivamente permeable a las atmósferas, las emociones de su entorno, las formas-pensamiento o las percepciones astrales que no sabe interpretar ni dirigir.
De este planteamiento procede probablemente la expresión popular según la cual las drogas producen «agujeros en el aura». Se trata de una imagen simplificada: Leadbeater habla principalmente de una alteración del sistema energético que filtra los intercambios entre los niveles físico y astral.
Alice Bailey: percepción astral o verdadero despertar espiritual
Alice Bailey advirtió contra lo que denominó astralismo: la tendencia a interpretar cualquier visión, voz interior o percepción extraordinaria como una manifestación espiritual superior.
En su enfoque, el alcohol y las drogas pueden liberar o estimular la conciencia astral. Pero esta liberación no significa que el alma se encuentre más despierta.
El plano astral también sería el ámbito de los deseos, los miedos, las heridas emocionales, las proyecciones personales y los espejismos colectivos. Una sustancia puede amplificar estos contenidos hasta darles la apariencia de una revelación.
La intensidad de una experiencia no garantiza, por tanto, su verdad ni su valor espiritual.
Una verdadera evolución debería reconocerse más bien por sus frutos: mayor lucidez, responsabilidad, estabilidad, libertad interior y capacidad de amar.
Los rosacruces y el cuerpo de deseos
Los diferentes movimientos rosacruces no presentan exactamente las mismas enseñanzas. Conviene distinguir especialmente al AMORC de los escritos de Max Heindel y de la Rosicrucian Fellowship.
En sus textos públicos, el AMORC insiste principalmente en la armonía entre el cuerpo físico, la dimensión psíquica y la conciencia, así como en una higiene de vida compatible con un desarrollo interior progresivo.
No sería correcto atribuir oficialmente al AMORC todas las afirmaciones que circulan sobre agujeros en el aura, ruptura del cordón de plata o adhesión automática de entidades.
Max Heindel se mostró más explícito al relacionar la dependencia con el cuerpo de deseos, que continuaría buscando la excitación y las sensaciones generadas por la sustancia.
Desde este punto de vista, el cuerpo físico soporta las consecuencias del alcohol o las drogas, pero el deseo de consumir también se arraiga en la dimensión emocional y astral de la persona.
Cuanto más se alimenta este deseo, más difícil resulta dominarlo y mayor es el esfuerzo que debe realizar la voluntad consciente para recuperar su lugar.
Omraam Mikhaël Aïvanhov: una ilusión de libertad
Omraam Mikhaël Aïvanhov presenta las drogas y el abuso de alcohol como una ilusión de libertad.
La persona puede tener temporalmente la impresión de superar sus miedos, tensiones, timidez o los límites habituales de su conciencia. Pero esa libertad depende de un producto externo.
Por ello, no ha sido verdaderamente adquirida.
La necesidad de expansión o evasión procede del alma, mientras que la sustancia actúa químicamente sobre el cuerpo. El alivio puede ser inmediato, pero no responde de manera profunda a la necesidad interior que lo ha provocado.
La verdadera libertad espiritual no consistiría en generar un estado excepcional, sino en aprender a recuperar conscientemente la paz, la fuerza, la alegría y la apertura sin depender de un producto.
Una convergencia con las Terapias Esenias y Egipcias
Estas enseñanzas no deben confundirse ni presentarse como una doctrina única. Proceden de tradiciones, épocas y sensibilidades diferentes.
Sin embargo, coinciden en varios puntos:
- las drogas pueden provocar una apertura artificial de la conciencia;
- esta apertura no va necesariamente acompañada de discernimiento;
- el cuerpo etérico y el cuerpo astral pueden desorganizarse;
- los deseos y las emociones pueden volverse más difíciles de dominar;
- la repetición puede debilitar la voluntad y la libertad interior;
- una percepción extraordinaria no constituye automáticamente una experiencia espiritual auténtica.
Estas observaciones coinciden con el enfoque práctico de Daniel Meurois y Marie Johanne Croteau-Meurois, que sitúa en el centro de su protocolo para los estados de dependencia la reorganización del chakra frontal, su puesta en resonancia con el chakra cardíaco y el apoyo a la voluntad.
La particularidad de las Terapias Esenias y Egipcias no consiste únicamente en describir los desequilibrios. También ofrecen un acompañamiento energético concreto para ayudar a quien desea realmente recuperar claridad, coherencia interior y libertad.
¿Pueden los cuerpos energéticos recuperar su equilibrio?
En la visión de las Terapias Esenias y Egipcias, los cuerpos sutiles no son estructuras definitivamente inmóviles.
Son vivos, cambiantes y capaces de reorganizarse cuando se reúnen las condiciones favorables.
Esta reconstrucción puede requerir tiempo, especialmente cuando la dependencia está instalada desde hace años.
Generalmente implica:
- dejar de alimentar progresivamente el desequilibrio;
- restaurar la vitalidad física;
- aprender a atravesar las emociones sin anestesiarlas;
- transformar los pensamientos que justifican el consumo;
- recuperar una relación consciente con el cuerpo;
- reconstruir la confianza y la voluntad;
- aceptar las diferentes formas de ayuda necesarias.
No se trata únicamente de retirar una sustancia.
También es necesario ayudar a la persona a encontrar de otro modo aquello que la sustancia le prometía: calma, valor, sueño, alegría, relación con los demás o el olvido momentáneo de un sufrimiento.
Cuando estas necesidades profundas comienzan a ser reconocidas y acompañadas, la dependencia puede perder progresivamente una parte de su poder.


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