A los dieciocho años, el Reiki me abrió una puerta hacia lo invisible: aquello que no vemos, pero podemos sentir. Empezó entonces un camino de descubrimiento y escucha que, con los años, me fue acercando al cuerpo, a la energía, a las emociones y a esa profundidad que nos habita.
Me formé en distintas terapias manuales y, más adelante, en análisis psicopostural, consciencia corporal y kinesiología. Cada aprendizaje fue afinando mi escucha y mi manera de acompañar, acercándome al diálogo entre el cuerpo y nuestro mundo interior.
La vida también me ha enseñado a través de grandes pérdidas y momentos en los que todo parecía derrumbarse. Transitar esos duelos me ha llevado a reconocer la importancia de acoger lo que sentimos, respetar nuestros tiempos y descubrir, poco a poco, luz donde parecía haber solo oscuridad.
Las terapias esenias y egipcias llegaron como un regalo. Me formé con Esther Pertegal y Joaquim Marzo, y al recibir sus enseñanzas sentí que algo en mí recordaba… Un regreso a un lugar íntimo y a la vez inmenso, de conexión con mi ser y con la totalidad. Cuando ofrezco estos cuidados, siento que entro en un espacio sagrado de origen… de confianza, paz y amor…
Con ellas viví un descubrimiento profundo: muchas veces no puedo actuar sobre lo que me sucede, pero sí está en mis manos el cómo lo vivo. Al moverse mi energía, cambiaba mi sentir… mi mirada: aparecía espacio para respirar y se abrían ventanas donde antes solo veía puertas cerradas.
Hoy acompaño desde lo aprendido y lo vivido, con las manos, la escucha y el corazón. Mi intención es ofrecerte un espacio cálido y amoroso donde puedas descansar con confianza, sentirte y escucharte. Desde esta presencia, deseo que mis manos acojan y transmitan la Fuerza de Sanación que inspira los cuidados esenios y egipcios, acompañándote en ese íntimo regreso a la armonía, a una comprensión más profunda de lo vivido y al encuentro con la esencia que te habita.

